Crónica de una jornada en Tudela: cuando el campo habla, el futuro se entiende
Ayer por la mañana, 26 de marzo, Tudela no fue solo un punto en el mapa. Fue un lugar donde el campo habló.
Más de 50 clientes de Geofolia y Agroptima se reunieron en una jornada que, desde el primer momento, dejó claro que no iba a ser una sesión más. No hubo silencios largos ni discursos unidireccionales. Hubo preguntas, experiencias, opiniones… y, sobre todo, realidad.
Porque cuando se juntan agricultores, técnicos y profesionales del sector, lo que aparece encima de la mesa no son teorías.
👉 Es el día a día: lo que funciona, lo que cuesta y lo que todavía no encaja.
Desde ISAGRI queremos daros las gracias por venir, por participar y por compartir sin filtros. Porque es precisamente en esa conversación directa donde está el verdadero valor.
🤝 Un encuentro para escucharnos de verdad
Tras un primer momento conjunto, la jornada fue tomando forma en grupos por cultivo. Y fue ahí donde ocurrió lo importante.
Las conversaciones se volvieron más concretas, más cercanas, más reales. Cada grupo con su casuística, pero todos con algo en común:
🌱 la sensación de que el sector está en pleno cambio.
🌾 Extensivos: avanzar sin complicar
En extensivos, por ejemplo, se respiraba una idea muy clara: la tecnología tiene que acompañar, no estorbar. Más allá de funcionalidades concretas, lo que se repetía era la necesidad de que las herramientas encajen en el ritmo real del campo, sin añadir complejidad innecesaria. Que ayuden a avanzar, pero sin romper la forma de trabajar de quien está a pie de parcela.
🍇 Viticultura: cuando el dato empieza a tener sentido
En viticultura, la conversación tomó otro enfoque, pero igual de revelador. Allí quedó claro que la digitalización solo tiene sentido cuando devuelve algo a cambio. Cuando permite entender mejor la explotación, saber qué parcela funciona mejor o dónde se está ganando o perdiendo dinero. En ese momento deja de ser una obligación y pasa a ser una herramienta. Y cuando eso ocurre, cambia completamente la forma de verla.
🥬 Hortícolas: precisión, presión… y realidad
En hortícolas, la conversación fue especialmente directa. Se habló de precisión, de datos, de sondas de humedad, de modelos predictivos… pero también de la realidad que muchas veces impide aplicarlo todo como se plantea en teoría. Y, sobre todo, apareció con fuerza uno de los grandes temas del sector: la falta de mano de obra. Un problema que no es puntual, sino estructural, y que está empujando cada vez más hacia la mecanización y la automatización.
📱 El verdadero reto: no es la herramienta, es el cambio
Pero si hubo algo que se repitió en todas las salas, fue una idea que va más allá de cualquier cultivo o herramienta: el verdadero reto no es tecnológico, es cultural.
Sigue siendo habitual ver cómo muchos agricultores anotan la información en papel para después pasarla al sistema, o directamente no registran ciertos datos porque “ya se hará luego”. Y ese “luego” muchas veces no llega, o llega con errores. No es solo una cuestión de edad. Aunque es cierto que los perfiles más jóvenes vienen con otra base digital, también hay agricultores jóvenes que siguen trabajando como siempre, simplemente porque es lo que han visto hacer.
🛑 la sensación de control.
Algunos agricultores sienten que digitalizarse implica estar más vigilados, más expuestos, y eso genera rechazo. No es tanto una falta de voluntad como una forma de entender el trabajo que cuesta cambiar.
Sin embargo, también se perciben señales claras de evolución. El móvil, por ejemplo, se está convirtiendo en la puerta de entrada natural a la digitalización. Está en el bolsillo, siempre a mano, y permite hacer cosas muy simples que cambian mucho el resultado: hacer una foto de un albarán en el momento de recogerlo en la cooperativa, registrar una tarea cuando se termina, guardar la información cuando realmente ocurre. Pequeños gestos que ahorran tiempo después y, sobre todo, aseguran que el dato sea correcto.
Eso sí, el camino no es igual para todos. En perfiles de mayor edad, el cambio sigue siendo más complejo y requiere acompañamiento real. No basta con tener la herramienta: hay que estar cerca, explicar, ayudar y adaptar.
🧾 Cuando el contexto tampoco ayuda
En paralelo, también se habló de estructuras más complejas, como empresas de servicios que todavía gestionan gran parte de la información en Excel y se encuentran con dificultades para cuadrar datos o controlar almacenes. A esto se suma un entorno que no siempre ayuda: cambios constantes en normativa, registros que evolucionan sin previo aviso, falta de comunicación clara entre administraciones, técnicos y otros actores del sector.
Herramientas como el REA se mencionaron como ejemplos de sistemas que, hoy por hoy, no terminan de responder a las necesidades reales del agricultor. Y a todo esto hay que añadir la complejidad creciente de certificaciones como IFS, Global GAP o GRASP, que añaden carga sin que siempre existan soluciones realmente adaptadas para gestionarlas con facilidad.
🌱 Un sector que cambia
Aun así, el sector se mueve. Y se mueve en varias direcciones a la vez. La automatización empieza a ser una realidad, especialmente en hortícola. El relevo generacional abre una oportunidad clara para introducir nuevas formas de trabajar. Y cada vez se valora más el dato como herramienta para decidir mejor.
En Navarra, además, se dibuja un contexto particular, con ciclos productivos más lentos y una presión hídrica menor que en otras zonas, pero con retos igualmente importantes. Se habló de la dualidad entre la agroindustria, que aporta estabilidad con precios cerrados, y el mercado en fresco, más volátil pero con mayor potencial de margen. También se mencionó el descenso del espárrago, muy ligado a la falta de mano de obra, y la importancia de seguir impulsando las denominaciones de origen y las marcas de calidad.
Porque, al final, el sector no depende solo de quien produce, sino también de quien consume. Y elegir producto, mirar la etiqueta y valorar lo que hay detrás también forma parte de ese cambio.
🛠️ La clave: aportar valor real
Más allá de todo esto, hubo una idea que se repitió de forma constante durante la jornada: la digitalización solo tiene sentido si aporta valor real. Y ese valor no se define desde fuera, sino escuchando al agricultor, entendiendo su contexto y adaptando las herramientas a su realidad.
La jornada terminó con una frase que, de alguna manera, resumía todo lo vivido:
“El campo no son matemáticas y no se puede gestionar como una fábrica de tornillos”.
Y quizá ahí está la clave. No se trata de sustituir la experiencia, sino de complementarla. No se trata de imponer tecnología, sino de hacerla útil.
Gracias de nuevo por acompañarnos, por compartir y por hacer de esta jornada un espacio tan real.
Seguimos trabajando para estar a vuestro lado y seguir construyendo, juntos, el futuro del sector 🌱🙌
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