DIGIVIT nació con una idea clara: reunir a quienes están empujando la transformación digital del sector vitivinícola para demostrar que la tecnología no es una promesa lejana, sino una herramienta real para producir mejor, decidir mejor y hacer más competitivo el trabajo diario en viñedo y bodega.
Celebrado en Lerma los días 29 y 30 de abril de 2026, DIGIVIT reunió a expertos, empresas, bodegas y profesionales de distintas zonas vitivinícolas de España y otros países para hablar de innovación, sostenibilidad, agricultura de precisión, robótica, inteligencia artificial, IoT, Big Data y digitalización aplicada al vino. Pero, por encima de todo, fue un espacio para responder a una pregunta muy concreta: ¿cómo puede la tecnología ayudar de verdad a quienes cultivan la viña y elaboran vino?
Porque digitalizar no significa llenar una explotación de pantallas o datos sin sentido. Significa convertir la información en decisiones útiles. Significa saber cuándo tratar, cuándo regar, cómo anticiparse a una enfermedad, cómo proteger el cultivo del estrés climático, cómo ahorrar tiempo administrativo en una pequeña bodega o cómo hacer que el viticultor pueda centrarse en lo que realmente importa: hacer vino con calidad, identidad y futuro.
En este contexto, ISAGRI participó en DIGIVIT junto a colaboradores y profesionales del sector para poner sobre la mesa tres miradas complementarias sobre la digitalización: la sensórica agroclimática en viñedo con SENCROP, la agrivoltaica inteligente aplicada a la viticultura con Powerfultree, y la digitalización real de pequeñas bodegas a través de una mesa redonda con experiencias de campo y bodega. A continuación te dejamos un breve resumen del evento de nuestras RR.SS. ¡Sigue leyendo para descubrir más de estas ponencias, imperdibles si eres vitivinicultor!
🌦️SENCROP: datos meteorológicos para tomar mejores decisiones en viñedo
La ponencia “Tecnología al servicio del vino: control inteligente con SENCROP”, presentada por Matías Morgan, ingeniero agrónomo en SENCROP, puso el foco en una de las grandes necesidades actuales de la viticultura: contar con datos fiables, cercanos y útiles para decidir mejor en cada parcela.
SENCROP se presenta como una red agrometeorológica colaborativa que permite a agricultores, técnicos, cooperativas, denominaciones de origen y empresas del sector acceder a información climática en tiempo real. La idea es sencilla, pero muy potente: cuanto mejor se conoce lo que está ocurriendo en el viñedo, mejor se puede actuar.
Durante la intervención se explicó cómo las estaciones meteorológicas permiten disponer de datos presentes, históricos y previsiones adaptadas a cada zona. Esto resulta especialmente importante en viticultura, donde pequeñas diferencias de altitud, humedad o exposición pueden cambiar completamente el riesgo de enfermedad entre dos parcelas relativamente cercanas.
Uno de los ejemplos más interesantes fue el uso de la estación para planificar tratamientos. Con información sobre humedad, temperatura, viento, previsión meteorológica y riesgo de enfermedad, el viticultor puede identificar mejores ventanas de tratamiento. Esto ayuda a que la aplicación sea más eficiente, que el producto se fije mejor y que se eviten tratamientos innecesarios cuando el riesgo real no lo justifica.
La ponencia aterrizó especialmente en enfermedades como mildiu, oídio o botritis, donde la anticipación marca la diferencia. No se trata solo de reaccionar cuando aparece el problema, sino de detectar las condiciones que pueden favorecerlo antes de que se manifieste en la planta.
Uno de los mensajes más valiosos fue que la digitalización no sustituye al campo. La estación ayuda, alerta, registra y orienta, pero el viticultor debe seguir observando la viña. La tecnología no elimina el conocimiento agronómico; lo refuerza.
En un contexto de campañas cada vez más irregulares, con episodios de lluvia intensa, olas de calor, heladas o cambios bruscos, herramientas como SENCROP permiten trabajar con una viticultura más precisa. Para muchas bodegas y viticultores, esto se traduce en ahorro de costes, reducción de riesgos, menor impacto ambiental y mejor capacidad para proteger la producción.
🌱Powerfultree: agrivoltaica - beneficiar al viñedo escuchando a la planta y generando energía
La segunda gran ponencia vinculada a la innovación aplicada al viñedo llegó de la mano de David Mignanelli, ingeniero agrónomo en Powerfultree, con “Viñedos conectados: dos años de sensórica aplicada a la agrovoltaica”.
Su intervención abordó uno de los debates más importantes del campo actual: cómo compatibilizar la producción agrícola con la producción de energía renovable sin desplazar al agricultor ni ocupar terreno fértil de forma improductiva.
Frente al modelo de grandes parques fotovoltaicos que ocupan suelo agrícola, Powerfultree plantea una visión diferente: la agrivoltaica, es decir, instalaciones fotovoltaicas elevadas que permiten un doble uso del suelo. Por un lado, generan energía; por otro, mantienen el cultivo activo debajo de las estructuras.
En el caso del viñedo, esta tecnología tiene un interés especial. El cambio climático está alterando el equilibrio de muchas zonas vitivinícolas: más estrés hídrico, menos disponibilidad de agua, maduraciones más rápidas, aumento de azúcares, pérdida de acidez y mayor exposición de la planta a condiciones extremas. Ante este escenario, la sombra dinámica puede convertirse en una herramienta agronómica.
Powerfultree explicó cómo sus instalaciones trabajan con sensores distribuidos tanto en la parcela agrivoltaica como en la parcela testigo. Estos sensores permiten medir parámetros como humedad, temperatura, radiación, potencial hídrico, contenido de agua en suelo y otros indicadores fundamentales para entender cómo responde la planta.
La clave está en que las placas no son estructuras pasivas. Se mueven mediante algoritmos alimentados por datos agronómicos. Si la planta necesita sombra para reducir estrés, las placas se colocan de una forma. Si necesita radiación para favorecer la fotosíntesis, se abren. La energía sigue siendo importante, pero el objetivo no es maximizar electricidad a costa del cultivo, sino encontrar un equilibrio donde el viñedo también salga beneficiado.
Uno de los ejemplos más visuales fue el de viñedos bajo estructuras agrivoltaicas con mayor contenido de clorofila y más agua disponible en suelo frente a parcelas testigo. Este tipo de resultados abre una conversación muy interesante sobre el papel de la sensórica, los gemelos digitales y la inteligencia artificial en la viticultura del futuro.
La agrivoltaica inteligente no debe verse solo como una tecnología energética. Puede convertirse en una herramienta de adaptación climática para viñedos que empiezan a sufrir con más intensidad los efectos del calor, la sequía y la irregularidad climática.
💟Calidad de vida para el vitivinicultor: Digitalización también para pequeñas bodegas
La tercera gran aportación se centró en una pregunta muy real para muchas bodegas: ¿la digitalización es solo para grandes empresas o también puede ayudar a proyectos pequeños?
Esta mesa redonda contó con la participación de Cristina Carro, periodista especializada en agroalimentación, como moderadora; Andrea Sanz, socia y cofundadora de Bodegas Magna Vides; Ruth Cancho, vinculada a la gestión y asesoramiento de bodegas; y Andrés Septién, vitivinicultor en Bodegas Septién.
La conversación fue especialmente interesante porque bajó la digitalización a la realidad de pequeñas bodegas y proyectos personales, donde muchas veces el problema no es la falta de pasión, sino la falta de tiempo.
Andrea y Andrés compartieron una visión muy ligada al territorio, al origen y a la voluntad de construir proyectos vitivinícolas con identidad. Hablaron de volver al pueblo, recuperar viñas, trabajar desde la ilusión y expresar una zona a través del vino. En sus testimonios apareció una idea muy potente: muchas pequeñas bodegas nacen de una relación emocional con el lugar, pero necesitan herramientas muy prácticas para sobrevivir en un mercado cada vez más complejo.
Ruth Cancho puso sobre la mesa una realidad que conocen muchas bodegas pequeñas: pueden tener el tamaño de una bodega pequeña, pero soportan exigencias administrativas, documentales y comerciales propias de una estructura mucho mayor. Tienen que producir, vender, exportar, cumplir normativa, gestionar papeles, atender obligaciones, responder a clientes y seguir haciendo vino con alma.
Ahí es donde la digitalización cobra sentido. No como un lujo, sino como una forma de ordenar el trabajo, ahorrar tiempo, automatizar tareas y evitar que la carga administrativa aparte al bodeguero de su verdadero oficio.
La mesa dejó una idea especialmente clara: una pequeña bodega debe ser extremadamente eficiente. Cuando el equipo es reducido, cada hora cuenta. Si la gestión documental, la trazabilidad o las tareas administrativas consumen demasiado tiempo, se pierde energía que debería estar en la viña, en la bodega, en la venta o en la construcción del proyecto.
Por eso, la digitalización en bodegas pequeñas no trata de hacerlas menos artesanales. Al contrario: puede ayudar a proteger aquello que las hace especiales. Si la tecnología se encarga de simplificar procesos, el viticultor y el elaborador pueden dedicar más tiempo a cuidar el vino, el territorio y la relación con sus clientes.
Y eso en resumen nos transmitió DIGIVIT, más herramientas y conversaciones en un terreno que entiende al 100% al viticultor para mejorar el viñedo y bodega, y la vida de quien se dedica a hacerlo.
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