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Fruticultura 360: Innovación y sostenibilidad en el IRTA FruitCentre

Escrito por Admin | 5 de marzo de 2026 16:03:03 Z

Este pasado 3 de marzo, el IRTA FruitCentre de Lleida se convirtió en algo más que un centro de investigación: fue un punto de encuentro donde la fruticultura catalana se reunió para pensar en voz alta sobre su propio futuro. Bajo el título FRUTICULTURA 360: Claves y técnicas para una fruticultura regenerativa, la jornada reunió a algunas de las voces más influyentes en investigación, manejo de fincas y tecnología aplicada al campo, con un objetivo común: entender cómo combinar suelo vivo, microbiología, maquinaria de precisión y datos para hacer que los frutales sigan siendo rentables en un contexto de cambio climático y presión de costes.

La jornada contó con un panel de referentes absolutos del sector frutícola y regenerativo, tanto a nivel técnico como científico y empresarial. Desde Simó Alegre y Georgina Alins (IRTA), marcando la visión de largo plazo y el papel estratégico del suelo, hasta perfiles como Isabel González (New Holland), Jaime Olaizola (ID Forest), Xavier Viladot (Pomona Fruits) y Matías Morgan (Sencrop), que aportaron una combinación muy potente de tecnología, microbiología, experiencia de campo y datos climáticos aplicados. En conjunto, voces con muchos años de recorrido y autoridad en sus ámbitos, que dieron a la jornada un nivel técnico y estratégico difícil de encontrar en otros foros.

FRUTICULTURA 360 fue, sobre todo, un punto de encuentro muy específico y necesario: un espacio donde investigación pública, empresas tecnológicas y fruticultores se sentaron a hablar, de tú a tú, sobre cómo debe ser la fruticultura si quiere seguir siendo competitiva en un contexto de cambio climático, presión de costes y nuevas exigencias de mercado

De la visión de largo plazo a las decisiones que se toman en la finca

La inauguración corrió a cargo de Simó Alegre, director de Desarrollo de la Investigación y la Innovación en IRTA, que puso el listón alto desde el principio. Recordó que la fruticultura es el primer sector vegetal de Cataluña, pero también uno de los más expuestos: depende del clima, del suelo, del agua, de la energía y de un mercado cada vez más exigente y cambiante.

Su mensaje se podría resumir en una idea: el sector necesita mirar a 10–15 años vista, no solo a la próxima campaña. Alegre insistió en que el reto no es “proteger el cultivo del entorno”, sino integrarlo en el medio, reforzando suelo y agua con soluciones basadas en la naturaleza y apoyadas en la tecnología. No se trata solo de mantener árboles en producción, sino de conseguir una doble meta: empresas competitivas y alimentos saludables a un coste asumible. Esa visión de largo plazo sirvió como marco para todo lo que vino después.

A partir de ahí, cada ponente fue bajando esa visión a su terreno: la maquinaria y la conectividad, el suelo y su biología, la experiencia real en fincas que han dado el salto y la importancia de medir bien el clima para tomar decisiones. ISAGRI Conecta actuó como hilo conductor, recordando en varios momentos de la jornada que ninguna de estas piezas tiene sentido aislada, y que el verdadero valor aparece cuando se conectan: desde el microbioma del suelo hasta el cuadro de mando en la oficina.

 

Tecnología en el campo: maquinaria digitalizada 

El primer bloque técnico vino de la mano de Isabel González, responsable de Precision Technology Iberia en New Holland, que dibujó con bastante claridad cómo está cambiando la maquinaria en los cultivos permanentes. Presentó la nueva generación de tractores autónomos e inteligentes, pensados también para frutales: modelos híbridos o eléctricos, con sensores LIDAR, aplicación variable y una lógica clara de fondo: producir lo mismo o más, con menos combustible, menos insumos químicos y menos huella de carbono.

Pero lo más interesante de su ponencia no fue solo el “tractor del futuro”, sino el mensaje que lo acompañaba: la autonomía no va solo de máquinas, sino de conectividad y de gestión del dato. González insistió en que un tractor conectado registra automáticamente tareas, optimiza el tráfico en la finca para reducir compactación, permite gestionar flotas y se integra con plataformas de gestión agronómica. En otras palabras, el mismo trabajo que se ha hecho siempre —pasadas de tractor, tratamientos, labores— se convierte en información estructurada sobre la que se puede decidir.

Ahí ISAGRI encaja de forma natural: cuando esos datos viajan del tractor a programas de gestión como Geofolia, el fruticultor y el director técnico dejan de pelearse con cuadernos, partes y excels, y pueden apoyarse en informes claros de costes, rendimientos y eficiencia por parcela y por tarea. La tecnología deja de ser una “capa bonita” y pasa a ser una herramienta silenciosa que trabaja en segundo plano.

 

El suelo en el centro: regenerar para producir (y no al revés)

Si la parte tecnológica puso el foco “de la finca hacia arriba”, la ponencia de Georgina Alins, jefa del programa de Fruticultura de IRTA, lo llevó “hacia abajo”, al suelo. Alins recordó que estamos hablando de un recurso no renovable a escala humana, que sostiene tres columnas fundamentales: la alimentación, el secuestro de carbono y la biodiversidad.

Hizo una defensa muy clara de la agricultura regenerativa como enfoque práctico, no como etiqueta. En lugar de recitar un listado estándar de prácticas, insistió en que cada finca debe empezar por hacerse una pregunta muy concreta:
“¿Qué problema quiero resolver aquí?”

A partir de ahí, habló de:

  • cubiertas vegetales funcionales, pensadas para aportar servicios al cultivo (control de erosión, mejora de estructura, refugio de fauna útil, etc.),
  • aumento progresivo de la materia orgánica,
  • diseño de bandas florales y setos como infraestructuras ecológicas,
  • elección adecuada del material vegetal y del diseño de plantación,
  • estrategias realistas de reducción de fitosanitarios basadas en conocimiento y no solo en restricción.

Su mensaje conectó muy bien con las preocupaciones del público: muchos asistentes reconocían, en las preguntas, que ya intuían la necesidad de cambiar, pero buscaban criterios técnicos claros y escalables. La intervención de Alins sirvió para aterrizar la regenerativa como algo compatible con la productividad, siempre que se haga con diagnóstico y planificación. Microbioma, metagenómica y vida del suelo: lo que no se ve, pero sostiene todo.

 

El siguiente bloque se adentró en un terreno que, hasta hace pocos años, sonaba casi a ciencia ficción en muchas fincas: el microbioma del suelo. Jaime Olaizola, gerente de ID Forest, defendió la idea de una “sostenibilidad real” basada, precisamente, en conocer y manejar esa vida invisible que sostiene el sistema.

Explicó el papel de los hongos micorrícicos, capaces de multiplicar la absorción de agua y nutrientes; de los bacterias solubilizadoras, que facilitan la disponibilidad de elementos clave; y de las tricodermas como agentes de control biológico frente a patógenos de suelo. Pero, más allá de la lista de organismos, lo relevante fue cómo mostró el uso de la metagenómica para analizar la biodiversidad microbiana, agruparla en grupos funcionales y correlacionar tipos de manejo con estados de salud del suelo.

Esa capacidad de medir —y no solo intuir— el efecto de las prácticas regenerativas abre la puerta a algo muy potente: poder relacionar decisiones de manejo con rendimiento, calidad del fruto y resiliencia futura de la plantación. El mensaje, una vez más, conectaba con la filosofía de ISAGRI Conecta: sin datos que midan lo que hacemos, es difícil hablar de transición real y no de experimentos aislados.

 

La voz del campo: diez años regenerando una finca frutícola

Para que todo lo anterior no quedara en teoría, la jornada dio la palabra a quien lleva años aplicando estos conceptos en su explotación. Xavier Viladot, cofundador y responsable de producción de Pomona Fruits, compartió el recorrido de su empresa familiar: unas 30 hectáreas propias, certificación ecológica y Demeter, y una clara decisión hace años de avanzar hacia un modelo regenerativo.

En una década de trabajo, han pasado de un 1,2 % de materia orgánica a cerca del 3 %, con impactos medibles: más biodiversidad, mayor actividad microbiana, y algo tan concreto como hasta un grado menos de temperatura media del suelo respecto a fincas convencionales cercanas, lo que se traduce en mejor respuesta en episodios de sequía.

Viladot fue muy claro: para él, agricultura regenerativa y agricultura ecológica van en la misma dirección. Contó cómo su estrategia combina cubiertas permanentes, uso intensivo de compost, elaboración propia de inputs y colaboración estrecha con apicultores, lo que no solo mejora el ecosistema de la finca, sino que refuerza la historia que pueden contar al mercado y a sus clientes. Su intervención bajó muchos conceptos al terreno del “cómo se hace en el día a día” y dio credibilidad a la idea de que esto no es una moda, sino una forma viable de trabajar.

 

El clima como variable crítica: decidir con datos y no solo con intuición

El último bloque temático estuvo a cargo de Matías Morgan, responsable comercial de Sencrop, que centró su intervención en la importancia de la monitorización climática de proximidad. En un contexto de variabilidad extrema, donde una helada de dos horas o una tormenta localizada pueden marcar una campaña, disponer de una red de estaciones conectadas cerca de las fincas deja de ser un “gadget” y pasa a ser una herramienta estratégica.

Morgan explicó cómo esa información en tiempo real permite ajustar tratamientos, anticipar riesgos de enfermedades o heladas, optimizar el riego y reducir el uso de insumos. De nuevo, la idea recorría el mismo hilo: los datos —si están bien recogidos, integrados y analizados— son una palanca para producir más y mejor, con menos coste y menos impacto.

Aquí vuelve a aparecer el papel de ISAGRI: cuando esos datos climáticos se integran con los datos de parcela, labores, rendimientos y costes en un software de gestión, la explotación pasa de reaccionar “por sensación” a tener una base objetiva para planificar y justificar decisiones.

 

Un coloquio que continúa: suelo, biodiversidad y resiliencia como conversación diaria

La jornada no terminó con la última diapositiva. El coloquio final, con Georgina Alins, Xavier Viladot, Jaime Olaizola y Maite Ros -secretaria técnica y figura clave desde el Consell Catalá de la Producció Integrada-, fue probablemente uno de los momentos más valiosos. Se hablaron de límites, de miedos, de tiempos de transición, de cómo financiar cambios, de qué se puede hacer ya y qué exige más maduración.

Más que grandes titulares, lo que dejó fue la sensación de que la agricultura regenerativa en fruticultura no puede quedarse en jornadas puntuales: tiene que convertirse en una conversación cotidiana entre fruticultores, técnicos, centros de investigación y empresas proveedoras de tecnología.

El vino de honor sirvió para prolongar esa conversación de manera más informal, con intercambios de tarjetas, propuestas de visitas a campo y muchas frases del estilo “esto me gustaría probarlo en mi finca”.

 

ISAGRI Conecta: facilitar que el sector se encuentre, se escuche y avance

Para ISAGRI Conecta, esta jornada ha sido una confirmación de algo que llevaba tiempo intuyendo: el sector frutícola necesita espacios especializados, de alto nivel técnico pero con los pies en la tierra, donde se pueda hablar de futuro sin perder de vista la realidad de cada explotación.

El valor de Fruticultura 360 no estuvo solo en la calidad de las ponencias, sino en el tipo de público que reunió y en cómo se mezclaron voces: técnicos de explotaciones, asesores, fruticultores, investigadores y empresas tecnológicas compartiendo mesa y pasillo. ISAGRI Conecta se posiciona así como un actor que no solo ofrece herramientas digitales, sino que ayuda a construir la conversación y las alianzas que el sector necesita para dar este salto hacia modelos más regenerativos, eficientes y rentables.

Porque, al final, de eso iba la jornada: de entender que el futuro de la fruticultura pasa por cuidar el suelo, aprovechar la microbiología, usar mejor la tecnología y tomar decisiones con datos, pero también por algo más simple y más difícil a la vez: sentarse juntos, escucharse y construir ese futuro de forma compartida.

Y en eso, ayer en Lleida, se dio un paso importante.